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En primer lugar, hay que pedir en la pescadería que quiten las espinas del pescado y extraigan los lomos. No olvides pedir que te guarden, por otro lado, las espinas y la cabeza, ya que con ellas podrás elaborar sabrosos caldos y fumet.

Ya en casa, corta los lomos en las raciones adecuadas a cada comensal. Mientras, pon a calentar la plancha (o una sartén antiadherente de superficie amplia) que vayas a utilizar: es importante que esté muy caliente cuando pongas el pescado.

Ayudándote de un cuchillo afilado, haz un corte en forma de cruz sobre la piel de cada porción de pescado: esto evitará que se contraiga sobre la plancha, lo que podría darle una desagradable textura gomosa.

En este momento, y como la plancha ya estará caliente, ya puedes poner el pescado en la plancha. En primer lugar, hazlo por el lado de la piel.

Deja que se cocine por ese lado y aprovecha para espolvorear un poco de sal. Cuando la piel ya tenga un bonito color tostado, pero sin llegar a quemarse, es el momento de darle la vuelta.

Por el lado contrario a la piel, tardará bastante menos, por lo que debes prestar atención para que no cocine en exceso.

Ya sólo queda retirarlo de la plancha y servirlo. Con una ensalada o unas verduras cocidas, tendrás el acompañamiento perfecto.

¡Y a disfrutar!

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